Esta semana he empezado a trabajar en un Ayuntamiento local como sociologo. Mi cometido es crear un Observatorio de empleo. Es decir, crear un modelo para publicar informes periodicos sobre el mercado de trabajo en el municipio, y un informe mas amplio (anual) sobre las oportunidades de empleo, etc. El planteamiento es muy abierto y eso me gusta, además hay modelos de otros ayuntamientos a los que se puede emular, como el de Alcobendas o el de Valladolid.
El empleo es un factor (o indicador, según se mire) muy importante de desarrollo económico y social. Si la gente no trabaja, no produce riqueza y si no cobra no puede acceder a ella, y las empresas no venden… es el círculo virtuoso (o vicioso, en ocasiones) de la economía que nos descubrió Keynes.
Lo primero que me ha sorprendido es el planteamiento que desde las instancias públicas se hace del tema del empleo, y por ende, la diferencia semántica entre empleo y trabajo. El trabajo es algo que haces con esfuerzo para producir un resultado y ganarte así el pan de cada día; sin embargo, el empleo es algo que te dan para que puedas cobrar un sueldo que te permita integrarte en la sociedad y sentirte un miembro útil de la misma.
Un desempleado es alguien que demanda empleo, y es la empresa la que ofrece empleo. Me parece, más bien, que es la empresa la que demanda (necesita) trabajadores para poder cumplir su cometido, y los trabajadores los que ofrecen su fuerza de trabajo para ponerla al servicio de una institución (empresa). El otro planteamiento también es correcto, la diferencia consiste tan sólo en la perspectiva de acercamiento. Sin embargo, al realizar esta abstracción del concepto empleo desde una perspectiva institucional, lo convertimos en un ‘objeto’ social, un bien social que parece independiente del esfuerzo que hay que hacer en el día a día para sacar un trabajo adelante, y de la utilidad que la empresa o insititución da al trabajo realizado.
Esto, junto con la crisis que vivimos, me hace plantearme de nuevo la gran incógnita del sistema de mercado: ¿De donde viene realmente la riqueza?












2 Comentarios
Hola, Javier. ¡Bienvenido a la blogosfera! Yo me he hecho a veces esa pregunta que tú te haces al final. En una hipotética comunidad autosuficiente, los productos y servicios de ese mercado serían creados y consumidos por las mismas personas, luego la riqueza sería siempre la misma circulando dentro de esa comunidad o mercado. Por eso, me queda siempre la intuición de que en el aumento de la riqueza y el beneficio en una parte de un sistema hay una pérdida en otra parte que no vemos. Cuando alguien gana en bolsa… ¿a quién se lo gana? ¿Y cómo pueden ganar todos?
Probablemente esté equivocado, y en esa misma comunidad utópica autosuficiente si se aumenta la producción (de bienes y de servicios), aumentará la riqueza para todos por igual. Pero para aumentar la producción de bienes, es necesario consumir más materia prima. La materia prima de los productos es escasa, limitada, y la de los servicios (el trabajo de las personas), también. El tiempo y el cansancio la limitan. Luego, si aumenta la riqueza hay una merma, en materia prima disponible (si consumimos mucha madera, quedará menos madera por consumir, y aun en este caso en que la Tierra puede generar más árboles, si consumimos más deprisa de lo que tarda la Tierra en dar más madera, se acabará agotando). De igual forma, siempre me ha parecido descabellada la idea de que una empresa o un banco tengan que tener en cada ejercicio unos beneficios mayores que los del año anterior, y me parece perverso que un beneficio menor se plantee como pérdida. ¡Vaya tocho! Bueno, creo que acabo de dejar claro que no tengo ni idea de economía. Espero que los expertos que te visiten no me linchen.
Haciendo una prueba a ver si funcionan los comentarios…