Este sábado aproveché para ir con mi hermana de compras a una gran superficie. No suelo comprar ropa, no me gusta nada ir de compras… de ropa (cuando es de libros me divierto más, pero voy sólo un par de veces al año… es que luego hay que leerselos!).
En la gran superficie me dirijo a una tienda Springfield buscando algunos pantalones elegantes, de calidad media-baja y precio asequible. La música de discoteca a todo volumen siempre me echa para atrás, y normalmente ni siquiera paso del quicio de la puerta. Esta vez hice un esfuerzo.
El caso es que en un momento dado me veo en el vestidor probándome varios pares de pantalones, intentando acertar con la talla, calibrando la calidad de cada uno, la comodidad, la pertinencia de comprarlos… y con una sensación de prisa y ansiedad que se empezaba a hacer insoportable.
En fin, la música del ‘garito’ estaría muy bien para tomarse una copas y echar unos bailes, pero a mi siempre me hace imposible comprar en ese tipo de tiendas. Y mira que de vez en cuando lo intento! Al final, logré encontrar un par de pantalones apropiados, pero la tensión acumulada de intentar concentrarme en comprar con el absurdo estresor de la música me soliviantó. Así que dejé el pantalón y salí huyendo.
No entiendo por medio de qué estudio de mercado han llegado a la conclusión de esa música ambiente anima a los compradores…












2 Comentarios
Te entiendo porque yo, como tú, no soy el comprador tipo, ése que entra en una tienda y se compra cuatro pantalones. Yo más bien entro en cuatro tiendas hasta decirme a comprar sólo uno. Pero creo que sé de qué va el asunto. La música fuerte y rítmica efectivamente excita a la gente y, si en un garito, les despierta la compulsión por bailar o por beber, en una tienda lo hace con las compras. Al mismo tiempo, al ser acelerada e irritante, fuerza a hacer las cosas rápido y dejar sitio para otro.
Claro, se supone que es para eso, para que la gente compré sin pensar, como si estuviera bailando. Quizás muchos super-compradores fashion lo agradezcan, y disfruten comprando al ritmo. Eso me parece adecuado y hasta interesante en la calle fuencarral de Madrid, donde todo es super-fashion, pero no en un centro comercial de Majadahonda, con clientes de clase media… simplemente, me parece que no le pega. seguire observando.
Gracias por escribir Alvaro.