Una nueva visión del Marketing

Tengo que reconocer que a veces ando entre la atracción y el rechazo de la idea de marketing…
La idea de fomentar el consumo y la demanda sólo para aumentar el nivel de ventas e incrementar la facturación no me parece lo más atractivo del mundo, la verdad.
Sin embargo, el hecho de conocer al consumidor (con la investigación si que no tengo ningún reparo…) para adaptarse a sus necesidades e intentar fomentar patrones de consumo más saludables y auténticos es un aspecto más positivo.
Además, hemos de reconocer que todo se mueve en el mercado, el intercambio de bienes y servicios es la sal de la vida en sociedad. La economía es la savia de la sociedad. Y la idea de poder influir en los gustos de la gente y en lo que compra y consume… es también bastante atractiva.

La cuestión entonces es: ¿qué promover y qué no promover? Y más allá de eso: ¿Quién tiene derecho a decidir qué se debe promover y qué no?

En el aspecto práctico de la vida, tenemos que trabajar para quien nos pague (hay que pagar la renta!). Todos los trabajadores somos un poco mercenarios (palabra que me suena emparentada etimológicamente a mercancía), después de todo, hacemos nuestros los objetivos de otros a cambio de un salario. Y en la guerra de las cuotas de mercado, los del marketing somos más mercenarios que ningún otro.

No obstante, si nos ponemos idealistas por un momento, se me ocurren multitud de objetivos útiles y valiosos por los que trabajar: la conservación del medio ambiente, la ‘sostenibilidad’, la vida saludable, la autenticidad en el consumo, el ocio y el estilo de vida, los valores sencillos, el fomento de la cultura local, el aprendizaje en las escuelas, etc.

Por desgracia, la mayoría de las veces estos objetivos tan loables van en contra del aumento del consumo en general. Por ejemplo, innovar en el packaging normalmente significa generar más residuos, hacer objetos para consumo rápido es hacer objetos de usar y tirar, las vallas publicitarias afean el paisaje destruyendo el atractivo de cualquier entorno y generando un gasto inútil, etc. En definitiva, el consumismo no es nada saludable, ni para la vida emocional de las personas, ni para el medio ambiente.

Por eso, intento imaginar a veces un tipo de marketing que tenga un resultado final positivo, que ahorre o genere más recursos de los que consume, y que en definitiva mejore la vida de las personas promoviendo la autenticidad.

Social bookmarks:
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Blogplay
  • Add to favorites
  • Bitacoras.com
  • RSS
  • Technorati
  • blogmarks
  • LinkedIn
Esta entrada fue publicada en Otros. Guarda el enlace permanente. Publica un comentario o deja un trackback: URL del Trackback.

2 Comentarios

  1. Publicado febrero 25, 2009 en 4:13 am | Permalink

    La verdad es que a mí todo el tema del marketing me resulta muy ajeno. Mi idea de las compras es que uno debe comprar lo que necesita. Eso no implica sólo lo imprescindible, también puede abarcar algo que te facilite las cosas (un móvil, por ejemplo, no es estrictamente imprescindible, pero es bastante útil) o que te alegre la vida (una lámina para la casa, por ejemplo). Incluso, combinando las dos cosas, uno se comprará una lámpara que necesita por la luz, pero que sea bonita, o un jersey que le abrigue y que a la vez le guste. Pero siempre valorando la relación necesidad-precio, y contando con una vida útil de los productos muy por encima de la que probablemente piense el vendedor. Hace dos años tuve que cambiar de ordenador, porque el que tenía me estaba dando problemas y me escandalicé al escuchar que, “claro, ya después de siete años…; los ordenadores duran unos cinco”. En fin, que frente al argumento del marketing de “¿Por qué privarse de este producto si lo puedes pagar?”, mi primer pensamiento es “¿Por qué debería comprar esto, si hasta ahora he podido vivir sin ello?”.

    Con lo que estoy muy de acuerdo es con fomentar consumos responsables y hábitos saludables y ecológicos. Pero ¿eso es marketing o educación?

  2. admin
    Publicado febrero 26, 2009 en 5:56 am | Permalink

    Interesante reflexión, Alvaro.
    La educación es lo que te hace cuidar lo que compras, no gastar inutilmente y en definitiva consumir responsablemente.
    El marketing entra cuando tienes que decidir qué ordenador te compras después de 7 años, o qué marca de jersey, que estilo, que colores, etc.
    ¿Qué ordenador compraste? y sobre todo: ¿por qué ese? ¿lo sabes? ¿qué te hizo pensar que era la mejor opción?
    - Te gustó el diseño
    - El vendedor te convenció de que era la mejor opción
    - Tenías buenas referencias de esa marca
    - Calculaste la mejor relación prestaciones / precio
    - Buscaste referencias en foros de internet, etc.

    La gente se compra la ropa que ve en televisión, lo que llevan sus actores favoritos, o lo que, sin saber nadie porqué, de repente se pone de moda.
    O bueno… algunos se compran precisamente lo que no ven en televisión.

    El marketing tiene que ver con la formación de los estilos y los gustos de la gente: con las preferencias.
    Y más allá de ello, con los deseos superfluos o vitales, con las inclinaciones vitales de la gente.
    Es una cuestión de imagen y de valoración subjetiva.
    El caso es que a la hora de decidir qué comprar, todos estamos más o menos sujetos a ello. Escogeremos aquello que nos parece que se corresponde más con como creemos que somos o queremos ser.

Publicar un Comentario

Tu email nunca será publicado o compartido. Los campos requeridos están marcados con un *

*
*

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>